Que en una pequeña aldea del Andévalo onubense coincidan casi 200 visitantes, y que a ellos se les una varias decenas de lugareños para dar un paseo por el campo, no es algo habitual, al menos si no es una fecha festiva. Pues esto es lo que sucedió el pasado domingo 7 de mayo en Sotiel Coronada, Calañas, y el motivo de esta concentración no fue otra que el Geolodia’17, una iniciativa de la Sociedad Geológica de España dedicada a la divulgación de la geología y propiciar un encuentro entre profesionales, aficionados y curiosos con el que acercar esta ciencia a la sociedad.

¿Por qué nuestro Andévalo es minero? era el planteamiento propuesto por fieldworkRIOTINTO, empresa de geoturismo que, tras el éxito del pasado año, fue nuevamente la organizadora del evento para la provincia de Huelva. Se trataba de conocer por qué la provincia de Huelva es un referente histórico en el sector minero y a que se deben las importantes yacimientos mineros existentes; la geología guarda la respuesta y los asistentes debía descubrirla. Para ello era necesario diseñar un suave sendero que nos permitiera tomar contacto con las rocas más características, conocer sus relaciones y como han condicionado los trabajos mineros en cada época, encontrando en Sotiel Coronada el entorno apropiado para ello, con un importante legado minero y la accesibilidad necesaria para comenzar a descubrir los procesos que condicionaron el territorio y, con ello, nuestra historia.

Llegado el día tomó especial protagonismo la Asociación Amigos de la Mina de Sotiel Coronada, colaboradores del evento y que desde hace años viene trabajando en la recuperación y divulgación del patrimonio minero de su localidad. Como conocedores de su entorno, guiaron a los distintos grupos que durante toda la jornada fueron recorriendo los caminos que nos iban a permitir descubrir poco a poco una historia de millones de años.

La actividad se convierte en un viaje en el tiempo, poniendo el punto de inicio casi cuatrocientos millones de años atrás, cuando la zona era una plataforma marina que iba acogiendo sedimentos en su seno, lodos y arenas que hoy vemos en forma de paquetes rocosos de pizarras y cuarcitas, que condicionan nuestro relieve y se convierte en un libro abierto en cuanto aprendemos a traducir todas las estructuras que acoge, pliegues y fallas consecuencia del empuje de las placas tectónicas.

El paseo nos lleva por rincones que guardan historias de mineros desde época romana a la actualidad y que han inspirado novelas como “La ira de Plutón“, hasta que de pronto los colores ocres del terreno pasan a ofrecer tonos multicolores, indicio de que entramos en suelo minero, estamos la Corta de Sotiel y el trabajo de los mineros del siglo XIX nos permite apreciar al fondo las rocas magmáticas fruto de una intensa actividad que se desarrolló durante más de 30 millones de años. A nuestro lado destaca un material de color violáceo, son las denominadas “pizarras moradas“, un elemento clave para la geología histórica, al representar el fin de los procesos magmáticos que dieron lugar a las elevadas concentraciones de sulfuros masivos que diseminan la región y estar presente en toda la Faja Pirítica Ibérica, lo cual lo convierte en un “nivel guía“, un indicio utilizado durante siglos para tratar de localizar nuevos yacimientos de interés minero, y, cuya observación probablemente condujo a los romanos hasta aquí, condicionando también nuestra historia minera.

Llegados a este punto ya éramos conscientes de que estábamos haciendo un viaje en el tiempo, partiendo desde aquella plataforma marina original hasta llegar a la actualidad, al tajo minero. Es en la Corta de Fraguas Viejas donde al fin podemos tocar enormes afloramientos de minerales, esencialmente piritas que se concentran en estrechas venas que rompen la roca dando lugar a un intenso entramado de mineralizaciones, es el “stockwork“, que es en si mismo resume todo lo que habíamos podido observar durante la jornada: el magma que asciende calienta el agua, propicia su circulación cargada de minerales, abriéndose paso hacia la superficie a través de miles de pequeñas grietas, e interaccionando con los sedimentos del fondo marino.

En resumen, ya conocíamos las claves para entender por qué en esta región existen tantos yacimientos minerales, una historia de millones de años que ha condicionado nuestro entorno, y también nuestra forma de vida, la del minero.

La satisfacción una vez finalizada la actividad fue general, más de 200 asistentes entre niños, mayores, estudiantes, aficionados, etc, muchos de los cuales mostraban su interés por volver a la zona y continuar descubriendo la riqueza del patrimonio de Sotiel Coronada.

Sensación que se extendía en la organización, al observar la buena acogida y comprobar como, cada año, el Geolodía se va consolidando como una fecha de referencia, un día de encuentro entre profesionales, estudiantes, aficionados y curiosos en torno a la geología.

Nos disponemos ya a preparar la próxima edición, el Geolodia ’18 ¡será en mayo de 2018!