#IFRioTinto

El 6 de julio de 2016 recorríamos el entorno de “La Fija”, el Tintillo y los caminos del entorno de la mina La Poderosa acompañando a Angela y Mauricio, dos fotógrafos italianos que llevaban dos años preparando una publicación dedicada al río Tinto y su entorno. Era su última estancia prevista antes de comenzar la edición del libro, y aquellos parajes les deslumbraron, el rojo del agua sobre un cauce en el que destacaban los amarillos del mineral que en esta fecha precipita, y que aún más resaltaba gracias al frondoso verde de una vegetación espesa, casi salvaje.

Angela fotografiando el Tintillo

Angela fotografiando el Tintillo

Ya nada será igual, aquellos rojos del cauce se han sustituido por el rojo de las llamas, y los continuos viajes desde Italia de dos profesionales de la fotografía los cambiamos por el ir y venir de helicópteros e hidroaviones que nos daban vida, y el verde… el verde es historia.

En Riotinto disfrutamos de un paisaje particular, tanto que hasta tiene eslogan: “Un paisaje tallado por el hombre“. Supone el legado que representa nuestra historia, el de una tierra particularmente rica y el de unas manos que han sabido extraerla con su trabajo a lo largo de los siglos.

Pero desde hace unos años ya no solo modela el relieve el aire y el agua, o los barrenos y los volquetes en la mina, en esta tierra nos estamos acostumbrando demasiado a padecer el efecto demoledor del fuego sobre nuestros campos. Aquí, que tenemos la mina más grande, el río más extraño, en 2004 también sufrimos el incendio más grande de cuantos hasta entonces se habían producido en el país.

El pasado lunes volvimos a sentir los mismos escalofríos y la misma impotencia que conocimos trece años antes. Si en aquella ocasión el fuego prendió hacia el sur y se llevó por delante árboles centenarios que daban de comer a familias de Berrocal, del Madroño, en este caso los vientos llevaron las llamas al norte, y el miedo se trasladó a El Campillo, a Traslasierra, vecinos desalojados, los internos de Aspromin realojados en el polideportivo de Minas de Riotinto (Huelva).

Equipos combatiendo el incendio de Riotinto (2017)

Equipos combatiendo el incendio de Riotinto (2017)

Nos gusta nuestra tierra, extraña para el viajero que se deja sorprender por tantos colores, única para los que crecimos acostumbrados a estos contrastes. Y nos gusta vernos representados por tantos mineros ilustres que se dejaron su vida en el trabajo, admiración que hoy se traslada a todos aquellos que se exponen al fuego como medio de vida, a los cambios de viento, al humo, y que salvaron lo que parecía imposible. Desde la distancia contemplábamos la columna de humo, y éramos conscientes de que todo dependía de ellos.

Hace un año nos sorprendíamos por las imágenes que capturaban dos extranjeros y que para nosotros parecían imposibles de lograr. Las fotografías de estos días eran captadas por otros protagonistas, de la hermosa luminosidad del rojo vivo del cauce, estas plasmaban el triste gris del humo que tiznaba sus rostros. Sin duda alguna, estas últimas imágenes tienen para nosotros un valor incalculable, tanto como su esfuerzo y trabajo. Gracias. Gracias a ellos y a tantos otros que colaboran desinteresadamente como voluntarios cada vez que se les reclama: Bomberos, Bomberos Forestales, Personal de Emergencias, Protección Civil, etc. todos se escriben con mayúsculas.

Nos gusta nuestro paisaje tallado por el hombre… pero no de este modo.